
Se oscurecen las posibilidades... Destila la realidad un aroma a precipitación, irrenunciable caída. La aceptación revolotea, temerosa, sabiendo que su papel es tan necesario como ingrato, pero debe posarse, tan silenciosamente como la razón se lo permita. Bajo su tutela, esperan órdenes la tristeza, el recuerdo, la nonata esperanza, el último de los ruegos...
Poca boca para tantas palabras... Debiera comerse la mayor parte de las pronunciadas; encontrar otro tono, mejor compañía de adjetivos y tiempos verbales. Entre el exilio forzoso y la renuncia forzada, maltrecho entre el orgullo y la tozudez, aguarda... paciente... sin nombre, silente.
Indeleble el trazo ya marcado, no se ve alterado, a estas alturas, por lo que quiso o debió ser. Aceptar que el esbozo es difícilmente indentificable como retrato u oportunidad, es el primer paso para reeducar y aprender a pintar. A cada letra corresponde un sonido y la partitura correcta para el oído debido. Afina los sentidos... que todo pasa, aunque quisiera quedar.
Espero no veros en un museo, mal expuesto...
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