Cualquier parecido entre lo escrito y mi realidad, es pura coincidencia.

de març 30, 2020

"Ya en los más antiguos recuerdos, surge, sigilosa, su oscura figura. La merodeadora. La que el alma reclama, aún vivo o todavía no muerto. Jamás tiene prisa, le gusta la calma. Deja que el miedo lo anegue todo, sumergiendo en la ponzoña de la desesperanza lo que podría ser anhelo de sobrevivir. Y ríe... ríe sin gracia, una carcajada mecánica. Ja ja ja. Muerde sin dientes, dejando que esa baba viscosa infecte, con rápida putrefacción, heridas invisibles que crecen desde dentro, destruyendo recuerdos, ralentizando movimientos... desdibujándose uno, sus rasgos cogen color. Y el final suele ser el mismo: marchito, en un rincón, el cuerpo consumido, exprimido hasta la extenuación. Mueres desde el olvido, de dejar de saberte tú mismo, de la desazón que provoca verse tan perdido. "¿Quién demonios era yo?".

Pero teme a ciertos niños. Le dan pavor. Odia la seguridad, la confianza en uno mismo, el hacer las cosas porque quieres, sin tener que preguntar. El tener miedo y saberlo, pero también la falta de conciencia y el atrevimiento de enfrentarse, de no recular. Lastima su orgullo no poderlos atrapar. En alguna ocasión ha pensado que había llegado el momento: el plantearse, porque no lo sabe, si podían llegarle a dañar. Incluso, quién sabe, llegar a morir. Cuenta, por contra, con su principal baza: el paso de niño a mayor. Responsabilidad

Voraz, come por comer. No es el hambre, ni la caza. Es algo más primario, más cerca de la esencia de ser lo que es: es el control del sufrimiento, la ocasión de demostrar poder. Ah... gozar de esas caras, de esa lenta agonía; de saber que, por su culpa, poco a poco van a desaparecer.

Y con el frío se encoge. Se hace pequeña. No se encierra en una cueva ni hiberna..."

-Papá, papá! ¡Aquí es cuándo se la ha de matar! - exclaman los niños al unísono. - Aprovechar que nos tiene miedo; que se parece a la gente que se come. Débil, débil, merodeadora!
-Cierto es... pero recordad que, aún sin fuerzas, tendrá mucha más de la que vosotros jamás podréis tener. No deja de ser una leyenda... pero todo cuento tiene algo que nos permite aprender. Y a veces creo que éste, particularmente, tiene tanto de cierto como para permitirse creer. Por si acaso, manteneos firmes, juntos, valientes y con todo podréis.

Cierran los ojos, confiados, sintiendo el peso del cuerpo del padre, que hundiendo la cama, provoca que caigan hacia él. "Papá... ten cuidado. Que los cuentos, a menudo, se abren paso a bocados..."

[2/x]

de març 28, 2020

Hoy sois vosotros los que me explicáis un cuento.

El frío engullía la alegría de los pasados días, pellizcando y recordando que, tarde o temprano, quedarían parados, con los pasos ya extinguidos, o distraídos por sonidos capaces de quebrar la cordura. Tenían más edad que el cúmulo de días vividos, ya sea por noches demasiado injustas (sin comida, sin más calor que el abrazo del hermano) o por un estómago vacío, sin memoria del último alimento ingerido. 

El motivo, el único motivo para persistir y no permitir el abrazo traidor de la rendición, era la maldita enfermedad de papá. No eran capaces de recordar cuándo, en que momento, empezaron a notar la falta de fuerza en los juegos; la desmemoria recordando cuentos. Tampoco, por aquel entonces, tenían demasiado vocabulario para adjetivar o describir lo que su infantil intuición ya sabia. Algo no iba bien. ¿Cuándo, tras infinitas carreras, pedía papá una pausa? ¿Cómo era posible que fuera incapaz de sostenerlos a los dos en brazos, discutiendo sobre quién sería el primero? ¿Olvidarse de los nombres que el mismo había inventado, teniendo que susurrarle qué decían o a dónde iban? 

Llegó el día en que la consistencia de la evidencia era tan contundente que, recogiendo la mesa y no sabiendo papá qué hacer después ("papá... la pica. Que luego los fregas y los enjuagas, para que nosotros los volvamos a ensuciar"), se miraron, algo más que preocupados, y le pidieron parar, buscar acomodo e intentar hablar.

-Papa... ¿qué está pasando? - preguntó el mayor. El pequeño, sentado al lado de su hermano, le cogía la mano.
-Pues no lo sé, hijo mío... - la mano, temblando, baja de la frente a los labios y allí, con una mueca, mira de hacerlos reír. - Prrrrrrrr!!! Que seguro que no es nada, hombre. Debe ser que hemos comido demasiado o un empacho de risas y abrazos. Esto, con un pequeño descanso (descanso... sin tener a nadie encima jugando), queda más que arreglado. Va... a dormir.

Los lleva en brazos, sudando (sudando...) a sus camas, en un silencio extraño, que incomoda  las bromas o coartan el reparto de besos y saber quién da más o mejor.

-Te quedas un rato con nosotros? - pide el mayor.
-Sí, papa! Aquí, aquí, entre los dos! - exige el pequeño.

Se acomodan, sin almohadas. ¿Para qué, teniendo el pecho del padre, enroscando las piernas a su alrededor? Solo es necesario dejar pasar el tiempo para que las respiraciones se acompasen. Notar como la presa en los brazos se deshace y se adueñan del descanso, con campo libre para la imaginación. ¿Qué será lo que sueñen hoy? Los contempla, como cada día, sorprendiéndose a diario por lo guapos que son. "Claro, son mis hijos. Qué iba a decir, si no". Se pide esperar antes de levantarse, no tener prisa y aprovechar ese momento en que son, todos, sólo una respiración. Asume la torpeza cuando mira de apartar las mantas, creyéndose sigiloso, cuando es obvio que los niños se asoman a despertarse por la evidente descoordinación. "Madre de dios... Si es fácil... La mano, las piernas. Levanta el tronco. Pasa por encima. Y se acabó". Lo tiene... Pie a tierra y triunfó.

-Papa... ¿a dónde vas? - Maldito radar! O sensores de presión... ¡Qué capacidad para darse cuenta de que uno se levanta!
-Nada... que iba al lavabo. - Ya antes de decirlo sabe que no va a creérselo. - Los brazos y piernas en la barriga... ya sabes.
-Papa... cuando acabes, vuelves y te inventas un cuento, ¿vale? - ¿También el pequeño? Menuda confabulación... - Pero uno que sea nuestro. Solo nuestro.

Va al lavabo, mirando de que caigan cuatro gotas que den credibilidad a la excursión. "Y ahora a inventarse una historia. Señor...".

-Dejadme sitio, ¡que voy! Pero cuento con vuestra promesa de intentar atrapar un sueño, ensillarlo y dejar que os meza. Relajaros, que el viaje comienza...

"No hubo solo una vez; ni una historia mejor que otra..."

(ha de continuar...)

de març 16, 2020

VIATGE A UN PASSAT

I sabent com, quan i on havia de faltar, també sabia com havia d'actuar.

-Pare, tu tens por a morir? - preguntà el nen mentre passava la mà per la seva barba, arraulit a sobre de la panxa i amb el cap al pit.
-Una mica... però tots passarem per aquí. Temo més que se'ns trenqui el cicle i no sigui jo el primer en morir.
-Pare... saps què em fa por a mi? Que jo seré amb tu quan moris, però... tu no estaràs quan em toqui a mi.
-Hi seré, fill. Aquí dins i aquí. - Amb els dits acaricia el front, reseguint un camí que s'enfonsa en el pit. - El teu cor ja té la part més gran que tinc, l'amor pel meu fill. El cap, els records que ja hi són i aquells que han de sorgir.- El col·loca, cara a cara, i el mira als ulls - I no oblidis mai el que jo m'enduc. Cada bon dia. Cada bona nit. Cada moment d'orgull quan et mirava. Cada alegria que ens has donat. Tot l'amor que sense saber-ho ens regales; tot l'amor que, sabent-ho, ha enfortit el fil. I això, fill... això és un equipatge que farà el viatge més senzill.
-Gràcies, pare... però encara m'angoixa que no siguis amb mi.
-Confies en mi?
-Sí, pare...
-Doncs... tranquil.

Passa el temps, cauen els dies i moren les nits. El pare, envellit, comença a notar que ha de partir. 
-Fill... vine a aquí. - El nen és un home, un bon home, ha sentit a dir. - Crec que és l'hora... La vida m'ha regalat moltes coses: uns pares... la mare... el meu fill. Marxo content i esperant retrobar-vos però, el que et volia dir, és que sóc conscient de la por, del neguit... d'aquella conversa de quan eres petit. Sapigues, i m'has de creure, que sé i he vist que jo seré aquí. Confia, creu-me... que són moltes hores de feina per assegurar el que dic.
-Pare, viuré sense por, confiant en la teva paraula, que sé que no dones si no té cap sentit. Ha estat un gran viatge. El capità entre estrelles i el seu fill tirant del fil. "Veniu, covards sense feina. Som dos però valem per mil! Ah, no sabeu amb qui gosseu enfrontar-vos. No teniu ni idea davant de qui heu de morir". - Riu, mira el pare i el veu morir. - Sí, és això només una parada, encara ens queda molt camí.

Anys mosseguen anys, menjant-se la vida, laminant la salut del fill. S'acomiada de la família, que no entenen perquè. Ha de tancar-se a l'habitació de l'avi; és una cosa de fa temps. "M'ho va prometre el pare. I amb això, queda tot entés". Cada passa és una queixalada, un prèstec a càrrec de la mort amagada; de la festa apagada on tot queda esmorteït. Només li queda estirar-se al llit i vetllar la nit. Els records el refreden però li cremen els sentits: la llàgrima alegra, el somriure entristit. Arriba, s'estira i comença a perdre el sentit. Endormiscat, nota una mà al pit. Obre els ulls i veu el pare, un avi també com el fill. - Deixa'm lloc fill. Guareix-te en el pare, posa el cap aquí. 
-Pare... ho hem aconseguit.
-Fill... sí. Però ja hem de morir.

I tots dos els ulls tancaren. I tots dos ja no són aquí.