El frío engullía la alegría de los pasados días, pellizcando y recordando que, tarde o temprano, quedarían parados, con los pasos ya extinguidos, o distraídos por sonidos capaces de quebrar la cordura. Tenían más edad que el cúmulo de días vividos, ya sea por noches demasiado injustas (sin comida, sin más calor que el abrazo del hermano) o por un estómago vacío, sin memoria del último alimento ingerido.
El motivo, el único motivo para persistir y no permitir el abrazo traidor de la rendición, era la maldita enfermedad de papá. No eran capaces de recordar cuándo, en que momento, empezaron a notar la falta de fuerza en los juegos; la desmemoria recordando cuentos. Tampoco, por aquel entonces, tenían demasiado vocabulario para adjetivar o describir lo que su infantil intuición ya sabia. Algo no iba bien. ¿Cuándo, tras infinitas carreras, pedía papá una pausa? ¿Cómo era posible que fuera incapaz de sostenerlos a los dos en brazos, discutiendo sobre quién sería el primero? ¿Olvidarse de los nombres que el mismo había inventado, teniendo que susurrarle qué decían o a dónde iban?
Llegó el día en que la consistencia de la evidencia era tan contundente que, recogiendo la mesa y no sabiendo papá qué hacer después ("papá... la pica. Que luego los fregas y los enjuagas, para que nosotros los volvamos a ensuciar"), se miraron, algo más que preocupados, y le pidieron parar, buscar acomodo e intentar hablar.
-Papa... ¿qué está pasando? - preguntó el mayor. El pequeño, sentado al lado de su hermano, le cogía la mano.
-Pues no lo sé, hijo mío... - la mano, temblando, baja de la frente a los labios y allí, con una mueca, mira de hacerlos reír. - Prrrrrrrr!!! Que seguro que no es nada, hombre. Debe ser que hemos comido demasiado o un empacho de risas y abrazos. Esto, con un pequeño descanso (descanso... sin tener a nadie encima jugando), queda más que arreglado. Va... a dormir.
Los lleva en brazos, sudando (sudando...) a sus camas, en un silencio extraño, que incomoda las bromas o coartan el reparto de besos y saber quién da más o mejor.
-Te quedas un rato con nosotros? - pide el mayor.
-Sí, papa! Aquí, aquí, entre los dos! - exige el pequeño.
Se acomodan, sin almohadas. ¿Para qué, teniendo el pecho del padre, enroscando las piernas a su alrededor? Solo es necesario dejar pasar el tiempo para que las respiraciones se acompasen. Notar como la presa en los brazos se deshace y se adueñan del descanso, con campo libre para la imaginación. ¿Qué será lo que sueñen hoy? Los contempla, como cada día, sorprendiéndose a diario por lo guapos que son. "Claro, son mis hijos. Qué iba a decir, si no". Se pide esperar antes de levantarse, no tener prisa y aprovechar ese momento en que son, todos, sólo una respiración. Asume la torpeza cuando mira de apartar las mantas, creyéndose sigiloso, cuando es obvio que los niños se asoman a despertarse por la evidente descoordinación. "Madre de dios... Si es fácil... La mano, las piernas. Levanta el tronco. Pasa por encima. Y se acabó". Lo tiene... Pie a tierra y triunfó.
-Papa... ¿a dónde vas? - Maldito radar! O sensores de presión... ¡Qué capacidad para darse cuenta de que uno se levanta!
-Te quedas un rato con nosotros? - pide el mayor.
-Sí, papa! Aquí, aquí, entre los dos! - exige el pequeño.
Se acomodan, sin almohadas. ¿Para qué, teniendo el pecho del padre, enroscando las piernas a su alrededor? Solo es necesario dejar pasar el tiempo para que las respiraciones se acompasen. Notar como la presa en los brazos se deshace y se adueñan del descanso, con campo libre para la imaginación. ¿Qué será lo que sueñen hoy? Los contempla, como cada día, sorprendiéndose a diario por lo guapos que son. "Claro, son mis hijos. Qué iba a decir, si no". Se pide esperar antes de levantarse, no tener prisa y aprovechar ese momento en que son, todos, sólo una respiración. Asume la torpeza cuando mira de apartar las mantas, creyéndose sigiloso, cuando es obvio que los niños se asoman a despertarse por la evidente descoordinación. "Madre de dios... Si es fácil... La mano, las piernas. Levanta el tronco. Pasa por encima. Y se acabó". Lo tiene... Pie a tierra y triunfó.
-Papa... ¿a dónde vas? - Maldito radar! O sensores de presión... ¡Qué capacidad para darse cuenta de que uno se levanta!
-Nada... que iba al lavabo. - Ya antes de decirlo sabe que no va a creérselo. - Los brazos y piernas en la barriga... ya sabes.
-Papa... cuando acabes, vuelves y te inventas un cuento, ¿vale? - ¿También el pequeño? Menuda confabulación... - Pero uno que sea nuestro. Solo nuestro.
Va al lavabo, mirando de que caigan cuatro gotas que den credibilidad a la excursión. "Y ahora a inventarse una historia. Señor...".
-Dejadme sitio, ¡que voy! Pero cuento con vuestra promesa de intentar atrapar un sueño, ensillarlo y dejar que os meza. Relajaros, que el viaje comienza...
"No hubo solo una vez; ni una historia mejor que otra..."
(ha de continuar...)
-Papa... cuando acabes, vuelves y te inventas un cuento, ¿vale? - ¿También el pequeño? Menuda confabulación... - Pero uno que sea nuestro. Solo nuestro.
Va al lavabo, mirando de que caigan cuatro gotas que den credibilidad a la excursión. "Y ahora a inventarse una historia. Señor...".
-Dejadme sitio, ¡que voy! Pero cuento con vuestra promesa de intentar atrapar un sueño, ensillarlo y dejar que os meza. Relajaros, que el viaje comienza...
"No hubo solo una vez; ni una historia mejor que otra..."
(ha de continuar...)
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada