Cualquier parecido entre lo escrito y mi realidad, es pura coincidencia.

de setembre 10, 2010


Y aún estando, sigues faltando.

Las mañanas me siguen pesando. Sin sábanas, no hay velas... y el viento de los sentidos, dejó de empujar. La calma es un contrasentido...

El peso de la falta es un cuerpo tendido. Sin abrazos, sin cariño... Es la mirada soslayada, el contacto rehuído. Es la incomodidad de la proximidad, la picazón de besos prohibidos, el exámen continuo a la paciencia y la voluntad. Querer por nada, el odio recíproco y merecido, la torna del sí en un no fugitivo, que no atiende a razones ni motivos. Es el revés del envés, es lo mismo sin ningún parecido.

Compongo el silencio con el mutismo y la renuencia, con la bilis y la flema. Las horas son flechas... los minutos, saetas. El tiempo, aforismo de la renuncia, retuerce y retoma, deforma y convoca, el antes por un después cuando el ahora, desde siempre, pasa a ser ayer. Ya no sé si la lágrima era el cadalso de la sonrisa o la condena por la pena, cuando el juez, responsable y parte, dicta sentencia: culpable de inocencia, o la imbecilidad de la docilidad y el adocenamiento de la individualidad. Servil, derrotado el orgullo, títere descabezado y muñeco del capricho... Y ahora salta... y ahora corre... y ahora huye, desagradecido. Pero sigo, rendido, en la cama... a su lado.

¿Cómo contemplar y recrearse pasó a ser soslayar y rehuir? ¿Por qué la suavidad del roce pasó a ser la herida tras el contacto? ¿Qué envenenó los besos y las ganas? ¿Qué hizo de la proximidad, distancia; del deseo, desgana; de ti, rutina? Al no haber nada ni nadie... ¿será que ello nos incluye a los dos?

¿El olvido es inabarcable o lo inolvidable inasumible? La cobardía quema sus naves en la travesía que va de rememorar a tergiversar, mientras cruzan sus armas la memoria y la falacia, los recuerdos y la inventiva, esperando la realidad sustitutivos, que eleven lo anodino... lo que antes no fue más que felicidad. Un gesto invitaba a la aventura... un beso ofrecía la conquista de ultramar. Y ahora... ofrecerte no me motiva; darte, está de más.

Siempre me ha pesado el corazón... Es el problema de querer latir por dos.