Cualquier parecido entre lo escrito y mi realidad, es pura coincidencia.

de desembre 04, 2009

El club del silencio

No tenemos normas. No teniéndolas, evitamos romperlas. Nada hay que genere mayor conflicto y confusión, que la no atención a las reglas o el excesivo celo hacia las mismas. Huimos de ellas, tal y como huimos, la mayoría, de nosotros mismos.

No conocemos nombres. Nos importan tan poco como los problemas que nos han acercado allí. Los habrá más graves, más absurdos, más estúpidos... Sin importancia, capitales, alícuotos a la culpa y proporcionados al castigo. El peso del problema lo determina la propia balanza y la liviandad o gravedad del mismo la sopesa cada cual. Aquí no hay ni se buscan soluciones. Éstas, de haberlas, están fuera.

No es una terapia. Que nos sirva, que nos ayude, que nos alivie, es una casualidad. Algunos vienen por inercia, un ritual que no saben dejar de hacer. Otros muchos lo programan como el inicio o el final de su semana. Un punto referencial desde el que partir o al que llegar. Algo que le dé sentido a despertarse o irse a dormir cada día. Unos vienen por primera vez. Algunos, como única y última. No hay explicaciones. Tampoco las entenderíamos.

No somos un grupo. Ni una suma. No sabemos quién es quién se coloca a nuestro lado. Ni siquiera es el mismo cada vez. El orden es aleatorio. Llegas, observas, miras, decides, y te sitúas. Sin más.

Sin normas, sin conocernos, sin terapias o curas, sin amistad o vínculos... ¿por qué?, ¿para qué?, ¿desde y hasta cuándo?, ¿en qué consiste?, ¿cómo se llega a saber?... Leí una vez, en algún lugar, la respuesta más certera a estas preguntas: "arranca la raíz de una pregunta y verás, allí, nuevas preguntas".

Nos reunimos siempre en el mismo lugar. Tampoco sabríamos encontrar otro mejor. Suficientemente cerca de todo y escondido de lo demás. Es una vieja fábrica, abandonada incluso por quiénes no tienen nada. Nos sirve de refugio, y ofrece su decadencia, el amparo que el rechazo a lo viejo y arruinado procura. Ruinas en ruinas no precisan hablar.

Y hoy, es uno más de esos días.

Me despierto, y no doy tiempo a la desgana a que me ocupe tiempo o lugar. Me le