
La Avanguardia, 27 de Desembre de 1952 (cont.)
"Caminar, sólo, hubiera sido huir. Y la velocidad de la culpa siempre acaba atrapándote". No aclara, ni se lo pido, qué culpa y respecto a qué. Esperar acostumbra a ser la mejor pregunta. "Podría decir que fue el fruto de un proceso, la conclusión de una reflexión. Mentiría. Casualidad; sólo casualidad". Mientras juega con los dedos, relata como la perdida mirada convergió en el encuentro del recuerdo y el enfoque. "Pocas veces las ilusiones tienen una segunda oportunidad", sentencia y sonríe. Las sombras bailan, enloquecidas, los nuevos movimientos de las luz en la noche: más escasa, más tenue, más procaz. Los rostros tornan su amabilidad en burla, la alegría en desconfianza y los gestos se tensan mientras los puños agrietan el desafío cerrándose, así como el mañana sobre el ahora. "Tranquilo... Saben que estás conmigo. Nadie se atreverá a acercarse". Empapado del miedo ajeno durante tanto tiempo, parece olerlo.
"El mar. Tan fácil como el mar. Solía decir que naufragábamos en nuestra sociabilidad; que éramos una isla de incomprensión, prejuicios y desconocimiento. Jugábamos con la idea de descubrir el mar, y en él, todas las rutas para acercarnos a buen puerto. Un bautismo de agua y sal, me decía, que purgue la inmovilidad emocional que nos aterra; que viendo esa extensión incontrolable, supiéramos que era inútil resistirse: que navegar era salir, aventurarse, partir y dejarse llevar. Que la fragilidad que nos atemorizaba era falta de experiencia y el miedo, la excusa para no actuar. Que ahogarse era un momento...". Duele. Es ésta una pausa que (nos) duele. Se levanta, se ajusta a sí mismo (la ropa, articulaciones y ademanes...) y me invita a dar una vuelta
Sería una oportunidad para describir un ambiente desconocido para la mayoría, pero es la única condición que, en las horas en que estuvimos juntos, me exige. "Lo tangencial es tangible, pero nunca se cruza... Vas a hacerlo. Lo que veas, oigas, descubras o te sorprenda, quedará allí y, como mucho, para ti. Nada más. Nadie más. Nunca." Cumplo, tanto más por convencimiento que por necesidad, lo acordado. La salvedad, serán dos apuntes, en nada relacionados con lo vivido. "La muerte se nos llevó el tiempo; la locura, nos lo dio de nuevo" y "Por ella fui, para sin ella volver." La primera resume la sumisión de la desesperación a la pérdida y la sorpresa de una solución con todo, y él, en contra. La segunda, una necesidad y un motivo.
En este punto, lo relatado y lo por el lector conocido, podrían encontrarse. En una plaza en cualquier punto del país. En caminos de tierra, yendo o volviendo de mil y un lugar. Lo leído en los periódicos, en las revistas y las teorías de la radio... No vi allí al monstruo, al loco exhibicionista, la muerte en carreta o el renacido del mar. Únicamente a un hombre, tan perdido y cuerdo, como puedas estarlo tú.
La despedida se nos presenta. No queda nada más que decir. Únicamente, me asalta una última duda. "¿Caísteis u os dejastéis caer?". Señala al mar, se da la vuelta y sin despedirse, dice "El mar... Por ella vine, para sin ella volver".
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